El nematodo de la madera del pino (PWN), Bursaphelenchus xylophilus, es un patógeno de gran virulencia para los pinos. El pino marítimo (Pinus pinaster), en particular, ha demostrado ser altamente susceptible, y los árboles en decaimiento presentan habitualmente densidades más elevadas de nematodos. Sin embargo, como se ha puesto de manifiesto en trabajos recientes, el decaimiento forestal no puede atribuirse únicamente al PWN: resulta difícil separar sus efectos directos de otros factores de estrés bióticos y abióticos. La enfermedad del marchitamiento del pino (PWD, figura 1) se presenta más bien como un fenómeno multifactorial condicionado por la biología del patógeno, la dinámica de los vectores, las interacciones en la comunidad forestal y el clima.

Figura 1: Pinos marítimos con síntomas de la enfermedad del marchitamiento del pino.
A pesar de esta complejidad, las estrategias europeas de contención y erradicación se han mantenido prácticamente sin cambios durante casi tres décadas, basándose principalmente en la detección y eliminación de los árboles marchitos y en suposiciones sobre la capacidad de dispersión de los vectores Monochamus. Si bien estas medidas ofrecen simplicidad operativa, han sido ampliamente criticadas por apoyarse en estimaciones inciertas de la transmisión y dispersión de los vectores, y por omitir aspectos clave de la biología del PWN. Entre ellos figuran la capacidad del nematodo para persistir en árboles asintomáticos, la variación en la virulencia, la posibilidad de ciclos de vida saprofíticos alternativos y las marcadas interacciones con el clima. La sequía, en particular, agrava la gravedad del PWD y se prevé que se intensifique con el cambio climático, con el riesgo de desbordar los sistemas de contención, como ya ha ocurrido en el pasado reciente.
El control centrado en los vectores también ha tendido a ignorar el contexto ecológico. Las interacciones entre especies influyen considerablemente en la abundancia de Monochamus en los árboles en decaimiento, y su abundancia suele ser mucho menor de lo que se supone, ya que aparecen en menos de un tercio de los pinos en decaimiento del suroeste de Portugal. Esto sugiere que el apeo estratégico y selectivo de los árboles de alto riesgo podría reducir sustancialmente la propagación del PWN, eliminando tan solo una fracción de los árboles afectados, lo que reduciría los costes y la sobrecarga del sistema. Sin embargo, estos enfoques requieren una comprensión más profunda de las preferencias de los vectores y la foresis de los nematodos.
En términos más generales, la gestión del PWN refleja un problema habitual en las políticas de gestión de las perturbaciones forestales: una dependencia de herramientas estáticas y orientadas a la contención que priorizan el registro de los daños sobre la prevención. Tras 27 años, millones de euros invertidos y la inevitable propagación del PWN desde Portugal a España y ahora a Francia, resulta cada vez más evidente que el diagnóstico y la corta por sí solos no son suficientes. Mientras Asia ha avanzado en investigación sobre resistencia del hospedador y el control biológico, Europa ha tardado en asumir que el PWN ya no es un problema de erradicación, sino permanente.
De cara al futuro, Europa debe transitar de las tácticas de aplazamiento hacia una gestión adaptativa a largo plazo. La integración de los principios de «Una sola salud», mediante la identificación de reservorios, la revisión de los ciclos de vida de los patógenos, la consideración de las vías de diseminación a larga distancia y la actualización de las proyecciones ante el cambio climático y del uso del suelo, ofrece una vía para alinear la ciencia, las políticas y la prevención.
David Pires
Referencias:
Carla S. Pimentel, David Pires, João Campôa, Jordana Branco, Raquel Marques, Manuel M. Mota & Teresa Calvão –
Multiple factors associated with forest decline in the context of control measures for the pinewood nematode | European Journal of Plant Pathology | Springer Nature Link
